Qué es Orientación Bíblica?

La misión de anunciar la Palabra de Dios es un cometido de todos los discípulos de Jesucristo, como consecuencia de su bautismo.

Introducción a la Biblia

La Palabra de Dios, expresada en lenguas humanas, se hace semejante al lenguaje humano, como la Palabra del eterno Padre...

Hermanos Menores Capuchinos

Nuestro padre San Francisco vivió el Evangelio con sencillez y radicalidad, y así quiso que lo hicieran sus hermanos y seguidores.

San Francisco de Asís y el Evangelio

La Regla es el libro de la vida, esperanza de salvación, médula del Evangelio, camino de perfección, llave del paraíso, pacto de alianza eterna.

Entender la Biblia un placer a su alcance

La Biblia contiene preciosas verdades procedentes de Dios. Nos dice cuál es el propósito de la vida, la causa del sufrimiento humano y lo que le espera a la humanidad.

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viernes, 6 de mayo de 2011

3 DOM PASCUA – ciclo A - (Lc 24, 13-35) -



1. INVOCA
·         El Señor te va a decir su Palabra. Es una nueva manifestación del Padre en Jesús, que hoy se te va a otorgar en la oración.
·         Prepara tu conciencia para recibir el mensaje que te llega gratuitamente de parte de Dios. Ábrete a la acción del Espíritu: iluminación para comprender y animación para vivir.
·         Invocamos al Espíritu cantando suavemente: Veni, Sancte Spiritus.

2. LEE LA PALABRA DE DIOS (Lc 24, 13-35) (Qué dice la Palabra de Dios)

 

Contexto

·         Los relatos de Pascua que describen los evangelistas, hay que entenderlos, más que nada, como descripciones de experiencias de fe en el Resucitado. Son catequesis para describir y descubrir quién es Jesús, qué propone a los discípulos, y cuál debe ser el itinerario que éstos han de seguir para realizar su misión de apóstoles o evangelizadores.
·         Este relato de Emaús es una bellísima enseñanza en torno a dos puntos:
o    dónde se presenta el Resucitado y
o    cómo encontrarlo en la realidad de la vida.

 

Texto

1. El Desconocido se manifiesta
·         El Resucitado se presenta ante los discípulos en un recorrido de fe y de búsqueda, que va desde la situación dolorosa de éstos hasta la salida de Emaús para comunicar a sus compañeros el gozo del encuentro con Jesús Resucitado. Podemos señalar estos pasos:
o    a) Jesús se presenta en la historia humana, llena de sufrimientos con frecuencia. Los dos de Emaús caminaban de espaldas a Jerusalén (donde había sucedido el misterio pascual de la muerte y resurrección de Jesús), de espaldas a la comunidad de discípulos, con los ojos cegados y entristecidos, sin ilusión, desesperanzados. Nosotros esperábamos (v. 21).
o    b) Jesús se manifiesta en su Palabra. El Desconocido catequiza a los dos de Emaús. Repasa la historia de la salvación, para hacerles comprender el misterio de la cruz: que el Mesías tenía que padecer para entrar en la gloria (v. 26). Les explicó lo que decían de él las Escrituras (v. 27). Al fin, por la luz y el fuego de la Palabra, comentan: ¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras? (v. 32).
o    c) Jesús se revela al partir el pan. Ante la súplica de los dos discípulos Quédate con nosotros, porque es tarde y está anocheciendo (v.29), el Resucitado, sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y lo dio a ellos (v. 30). Es el momento luminoso cuando los discípulos reconocen totalmente al Resucitado. Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron (v. 31).
o    d) Jesús está en la comunidad. Se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén (v. 33). Con la fe y la esperanza recuperadas, los dos de Emaús regresan a la comunidad que habían abandonado. Y estos dos, junto con los otros discípulos, a coro y con gran alegría, proclaman su experiencia del encuentro con el Resucitado.
2. La Misa, encuentro con el Resucitado
·         También el Resucitado se presenta vivo y glorioso en la celebración de la Eucaristía.
o    a) Venimos al templo desde la realidad, con nuestra vida a cuestas y con nuestra carga de pecados. Tal vez, buscando consuelo y fortaleza en el Señor. Nos sentimos pecadores, imploramos el perdón: Yo confieso...
o    b) La Liturgia proclama la Palabra de Dios. En ella, el Señor se manifiesta, vivo y Resucitado. Él es la Palabra total y definitiva. Sobre todo, nos ilumina a la comprensión del misterio de nuestra misma existencia a la luz del misterio pascual cuál es el sentido de mi vida, por qué sufro y gozo, camino y trabajo, por qué los acontecimientos de la historia.
o    c) La Liturgia celebra y actualiza el misterio pascual: muerte y resurrección de Jesucristo. Él está ahí, vivo, glorioso, poderoso, entregándose de nuevo para nuestra salvación y felicidad.
o    d) Comulgamos con el Señor, hecho Palabra y hecho Pan. ¿Para qué? Para ir a la comunidad y comulgar con los hermanos. Y ser testigos de la resurrección, misioneros de la vida, de la alegría y esperanza. El sacerdote nos envía como Jesús: Vayan en paz...

3. MEDITA (Qué me/nos dice la Palabra de Dios)
·         La presencia de Dios en mi vida la tengo que descubrir desde la fe. Aun en los momentos de sufrimiento, me han de mantener la fe y la confianza en el Resucitado, pues Él camina conmigo, aunque no le vea, aunque no le descubra.
·         ¿Con qué mirada veo y leo los acontecimientos de cada día, sobre todo aquellos que me hacen sufrir más y que me hacen nublar mi fe? ¿Cómo leo la historia personal, familiar, social, eclesial? ¿Con esperanza o desilusión?
·         ¿Trato de hacer oración con la Palabra de Dios? Cuando celebro la Eucaristía ¿me doy cuenta que el Señor Resucitado se hace Palabra y Pan para que comulgue con toda su Persona?
·         Al regresar a la casa, terminada la Misa, ¿pienso que soy enviado a proclamar, con mi conducta, que Jesús vive con nosotros y nos envía a ser testigos de su resurrección?

4. ORA (Qué le respondo al Señor)
·         Quédate con nosotros, Señor. Porque sin Ti nuestro camino quedaría sumergido en la noche. Quédate con nosotros, Señor Jesús, para llevarnos por los caminos de la esperanza que no muere, para alimentarnos con el Pan de los fuertes, que es tu Palabra.
·         Quédate con nosotros hasta la última noche, cuando, cerrados nuestros ojos, volvamos a abrirlos ante tu rostro transfigurado por la gloria y nos encontremos entre los brazos del Padre en el Reino del divino resplandor.

5. CONTEMPLA
·         A los dos de Emaús. Cómo cambian de rostro y de actitud. Cómo pasan de la tristeza a la curiosidad y al gozo, de la ceguera a la iluminación, de la desesperanza a la confianza y al reconocimiento de Jesús presente. ¡Qué cambio, cuando se dejan impresionar por el Resucitado!
·         A Jesús, que se hace el ignorante y el desconocido. Que con gran paciencia catequiza a los dos discípulos. Que para ellos repite la entrega en la mesa de la Eucaristía. Que confía en los dos recuperados y transformados y los envía a vivir el gozo de su presencia pascual junto con los de su comunidad.
·         A ti mismo, que caminas vacilante y con dudas, hasta que te encuentras con el Resucitado.

6. ACTÚA
·         Cuando te sientas desfallecer y desconfiar, repítele a Jesús Resucitado: Quédate con nosotros, Señor.

viernes, 29 de abril de 2011

2 DOM PASCUA - ciclos A,B,C - (Jn 20, 19-31)

 
1.  INVOCA

·         Prepara tu ánimo para entrar en la oración. El Señor te va a dirigir su mensaje por medio de su Palabra. Por tu parte, deja a un lado todo lo que te puede distraer de este encuentro con el Amado, en silencio y en diálogo.
·         Sólo el silencio  te hará escuchar el intercambio que el Señor quiere ofrecerte.
·         Orar es: callar para escuchar,  callar para tener hambre de la Palabra, callar es posibilitar que la Palabra te diga los secretos de Dios.
·         Orar es: hacerse consciente de la llamada de Dios a la interioridad. Y abrirse a esa llamada como tierra reseca, agostada, sin agua.
·         Orar es: sentirse habitado por el Señor, en el silencio de uno mismo, para admirar a Dios, que quiere estar contigo para siempre.
·         Invocamos al Espíritu, que es el gran Artífice de este encuentro de paz, silencio y amor.

2.  LEE LA PALABRA DE DIOS  (Jn 20, 19-31)  (Qué dice la Palabra de Dios)

Contexto bíblico

·         Este relato  confirma el cumplimiento de las promesas hechas por Jesús a los discípulos.
-       Jesús había dicho: Regresaré con ustedes (Jn 14, 18). Y ahora nos dice: Jesús se presentó en medio de ellos (Jn 20, 19).
-       Jesús había prometido: Dentro de poco volverán a verme (Jn 16, 16).  El evangelista afirma: Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor (Jn 20, 20).
-       Jesús les anunció el envío del Espíritu (Jn 14, 26; 15, 26; 16, 7) y con él, la paz (Jn 16, 33). Y el evangelista nos trae las palabras de Jesús: La paz esté con ustedes… y reciban el Espíritu Santo  (Jn 20, 21ss).
-       Jesús afirmó: Me voy al Padre (Jn 14, 12). Y el evangelista nos trasmite las palabras de Jesús, que ratifican la promesa cumplida: Voy a mi Padre, que es el Padre de ustedes  (Jn 20, 17).

1. Con las puertas cerradas por miedo a los judíos (v. 19)

·         Con expresiones gráficas nos narra el evangelista la situación lamentable de los discípulos:
-       Por la tarde (noche), con las puertas cerradas, llenos de miedo. La noche es el signo de las tinieblas y de las dudas de fe.
·         Están los discípulos sumergidos en la antigua creación. No han experimentado la luz del Resucitado, el domingo, el primer día de la semana, de los nuevos tiempos, de la nueva creación.
·         Los discípulos, no sólo no esperaban ver a Jesús Resucitado, sino que estaban predispuestos a todo lo contrario. A María Magdalena lo único que se le ocurre, al ver el sepulcro vacío, es que han robado el cuerpo de Jesús. Y cuando Magdalena va a anunciarles que había visto al Señor; ellos, a pesar de oír que estaba vivo y  que ella lo había visto, no creyeron (Mc  16, 11).
·         Sólo desde la fe se puede aceptar la revelación de que Jesús resucitó y está vivo entre nosotros. Tanto los vestidos blancos como los ángeles hacen referencia al ámbito de lo divino y de la fe.
·         Podemos afirmar que Jesús está resucitado y creerlo firmemente. Pero, el testimonio de vida nos dirá y dirá a los que nos vean que de verdad creemos en Él y que va recreando las personas, el tiempo y los sucesos de nuestra historia. Sólo con Jesús Resucitado podemos vencer todos los miedos, dudas y persecuciones.

2.  Reciban el Espíritu Santo  (v. 22)

·         El evangelista nos describe los signos de la presencia del Resucitado:

1.  La donación de la paz.    La paz esté con ustedes (v. 21). Para quitar el miedo, Jesús les da la paz. Repetidas veces nos trasmiten los evangelistas estas palabras del Resucitado. Es el fruto del encuentro con  que arrebata el miedo, trae la vida y la esperanza y devuelve el sentido de la existencia como personas y como discípulos.

2. La donación del Espíritu.  Reciban el Espíritu Santo (v. 22). El Espíritu es el soplo de vida. Es el mismo soplo que dio vida al primer ser humano (Gn 2, 7). El aliento del Creador confirió la vida al primer ser humano. Ahora, el soplo del Resucitado, que transmite el Espíritu, quiere recrear  al ser humano. La fe en la resurrección conduce a afirmar y defender la vida y luchar contra todos los signos de muerte.

3.  El perdón de los pecados.  A quienes les perdonen los pecados, Dios se los perdonará (v. 22). El Resucitado otorga la salvación, y perdona la deserción y abandono de los discípulos en los momentos de la pasión y muerte del Maestro. No reciben por su traición ningún reproche ni les exige ningún gesto de reparación. El Resucitado trasmite a los discípulos su mismo poder para que, en su nombre, ellos mismos, débiles y pecadores, perdonen los pecados de sus semejantes.

3.  Dichosos los que han creído sin haber visto  (v. 29)

·         La persona y conducta de Tomás representa a muchas personas que, llenas de dudas, quieren razonar y comprobar el ámbito de la fe. Como Tomás, buscamos certezas a la medida de nuestras limitaciones humanas.
·         Pero el proceso de la fe comienza por “ver” las señales del Resucitado en los mismos seres humanos y en la realidad en que vivimos. Son las señales y las llagas de los que sufren.  Y el testimonio de todos aquellos que superan las dudas afirmando al Resucitado.
·         Hay que escuchar la Palabra, que nos habla de muchas maneras y para todas las ocasiones. Hay que reconocer el testimonio de los que cambian y entregan su vida porque creen en el Resucitado, como les sucedió a los discípulos. Hay que integrarse en la comunidad de la Iglesia, donde se presenta el Resucitado con sus dones: paz, perdón, Espíritu.

3.  MEDITA  (Qué me/nos dice la Palabra de Dios)

·         Si, con un acto radical de fe, me entregara del todo a Jesús Resucitado, mi vida sería otra.
·         Si, con un acto radical de fe, me decidiera a experimentar la paz y el perdón del Resucitado…
·         Si, con un acto radical de fe, me dejara conducir por la Palabra y el Espíritu, podría experimentar la bienaventuranza: Dichosos los que han creído sin haber visto.

4.  ORA  (Qué le respondo al Señor)

·         Jesús Resucitado, quiero decirte que no necesito milagros para entregarme y confiar en Ti. Tú eres el mayor milagro de toda la historia. Porque el Padre te resucitó, para que también nosotros resucitemos contigo.
·         ¡Señor mío y Dios mío!  ¡Mi Dios y todas mis cosas!  ¡Tú eres el Bien, todo Bien, Señor Dios, vivo y verdadero!

5.  CONTEMPLA

·         A  Jesús, que te muestra las llagas de su dolor en tantos que sufren.
·         A  las personas de tu entorno. ¿Ves que sufren, en su cuerpo, en sus sentimientos, en su fe? ¿Ves que andan desviados del Resucitado? ¿Ves que caminan sin rumbo?  En espíritu, descubre en ellos al Resucitado, ámalos, perdónalos, compréndelos, introdúcelos en la llaga gloriosa del costado de Jesús glorificado.

6.  ACTÚA 

·         Daré testimonio con mis obras del Resucitado. Sacaré de mi interior: dudas, complejos, miedos, resistencias, perezas.
·         Diré confiado y entregado: ¡Señor mío y Dios mío!
·         Recitamos el salmo 118 (117). Repitamos el estribillo: Éste es el día en que actuó el Señor.

viernes, 22 de abril de 2011

DOM PASCUA DE RESURRECCIÓN - ciclos A-B-C- (Jn 20, 1-9) -


1.  INVOCA

·         Haz el esfuerzo para concentrarte  en este tiempo de oración. Es la fiesta mayor del encuentro con el Señor Resucitado, que brilla con todo el esplendor de vida y de gracia.
·         El misterio que celebramos nos deja fascinados y envueltos en la vida que Jesús glorificado nos ofrece.
·         Nos sentimos comos los apóstoles, con miedo, pero, al fin, confiados y alegres porque Jesús Resucitado se nos presenta lleno de vida y de consuelo para los suyos, para nosotros.
·         Invocamos al Espíritu: Veni, Sancte Spiritus.  Es el mejor regalo que nos da el Resucitado.

2.  LEE LA PALABRA DE DIOS  (Jn 20, 1-9)  (Qué dice la Palabra de Dios)

Contexto litúrgico

·         Los textos de la Misa del día de Pascua nos da todos los elementos para una meditación detenida y contemplativa del gran misterio que celebramos.
·         Después de la celebración, hermosa y brillante, de la Vigilia pascual, tenemos la posibilidad de vivir en la Misa del domingo, la presencia consoladora del Resucitado en nuestras vidas.

Contexto bíblico

·         No se pueden leer los relatos de la resurrección de Jesús y de las apariciones, que nos traen los evangelios, como puramente históricos. Son relatos de fe, reflexionados y vividos por las comunidades cristianas. Y así hay que interpretarlos.

Texto

1, El primer día de la semana (el domingo) muy temprano (v. 1)

·         Este es un título para significar lo que para el evangelista quiere decir la resurrección. Es el día:
-       de la verdad (el día después del sábado);
-       “aquel día”, anunciado por los profetas;
-       del comienzo de lo nuevo para siempre;
-       de los nuevos tiempos;
-       de la nueva creación.
·         Jesús Resucitado inaugura la nueva creación, la definitiva, la novedad de la restauración de todas las cosas en Cristo.
·         El sepulcro vacío y las apariciones son formas literarias para expresar la fe de los discípulos en el Resucitado. El autor del cuarto evangelio nos está diciendo que las vendas y el sudario, tal como se encontraban (vs. 6 y 7), querían indicar  que el rumor de que había sido robado el cadáver de Jesús era falso.
·         Para el discípulo amado,  le fue suficiente “ver” todo aquello para “creer” en el Resucitado. Por eso, se afirma que llegó al sepulcro antes que Pedro. Se dio cuenta de lo que significaba todo aquello.
·         La comunidad de Jesús, que un principio buscaba un cadáver,  va aclarando cada vez más su fe en el Resucitado.
·         María Magdalena busca un cadáver. Y lo hace amor, prontitud, sensibilidad, dolor, sin esperanza.
·         Pedro es respetado como autoridad y entra el primero en el sepulcro. Comprueba, pero no cree. El discípulo amado ve y cree. El amor  lleva a la fe, no tanto la autoridad.

2.  Vio y creyó  (v. 8)

·         El discípulo amado pasa de “ver” la realidad a “creer” en otra realidad más profunda, más total: Cristo Resucitado.  Cuanto más se deja uno conducir por la luz de la fe tanto “ve” de otro modo la realidad, exterior e interior. Hay un cambio en el mirar y en el contemplar de las personas y de las cosas, cuando la resurrección lo ilumina todo.
·         Porque la resurrección de Jesús  transforma la creación. Primero, transforma a sus mismos discípulos: de hombres tímidos y cobardes a personas valientes y entregados. Han muerto y su vida está escondida con Cristo en Dios (Col 3, 3). Transforma la realidad de la sociedad. Porque hace nuevas todas las cosas. Porque la creación misma espera anhelante que se manifieste lo que serán los hijos de Dios  (Rom 8, 19).
·         La fe en Cristo Resucitado conduce al creyente a sentirse nueva criatura. Han sido sepultados con Cristo en el bautismo, y también con él han resucitado, pues han creído en el poder de Dios, que lo ha resucitado de entre los muertos  (Col 3, 11).
·         La fe transforma la dura realidad, de sufrimiento y  desesperanza, en un nuevo modo de vivir, ver, entenderlo todo, con ojos limpios,  corazón transparente, con alegría ante la contradicción. La fe cambia el dolor en amor, la tristeza en sonrisa, el mal en bien.
·         La fe nos lleva no a explorar el sepulcro vacío de nuestra existencia. La fe nos conduce a llenar la vida del gozo de la resurrección para recrear todos nuestros valores, sentimientos, actitudes y conducta.

3.  MEDITA   (Qué me/nos dice la Palabra de Dios)

·         El hecho de la resurrección de Jesús ha de cambiar tu vida. Como a la Magdalena y a los discípulos. Déjate impresionar por la energía del Resucitado. Relee y medita con actitud de fe los relatos de las apariciones de Jesús. Siéntete como uno de los discípulos: con miedo, pero con ganas de superarlo; con dudas, pero con hambre de creer y confiar totalmente en Jesús.
·         ¿Qué sepulcros vacíos hay en tu vida? ¿Qué tinieblas dominan tu interior, que no dejan brillar la luz del Resucitado?  ¿Cuándo amanecerá para ti el  primer día de la semana,  el domingo sin ocaso, el día del Señor?
·         ¿Qué es lo que te impide  entregarte de lleno al Resucitado?  ¿Cuáles son para ti los signos en los que ves a Cristo Resucitado: los pobres, los desesperanzados, los miedosos, los cobardes, los bautizados sin compromiso? ¿Cómo  hacer para que ellos crean y confíen intensamente en el Resucitado?

4.  ORA  (Qué le respondo al Señor)

·         Jesús Resucitado, haz que el resplandor de tu luz nueva venza las tinieblas de nuestra conciencia,  y nos descubra el valor auténtico de nuestra vida.
·         Jesús Resucitado y lleno de vida, haz que nuestra existencia tenga siempre sentido, lo que hacemos,  lo que pensamos, lo que dejamos de realizar por nuestra limitación. Llena Tú nuestra insuficiencia y pequeñez.

5.  CONTEMPLA

·         A Jesús radiante y  lleno de vida, que te invita a entrar en su ámbito de vida y resurrección.
·         A ti mismo, para que puedas decirte con íntima convicción: ¡Si Jesús vive, eso me basta!

6.  ACTÚA

·         Repite con frecuencia la Palabra de la 2ª lectura de este domingo: Ya que han resucitado con Cristo, busquen las cosas de arriba  (Col 3, 1).

martes, 19 de abril de 2011

JUEVES SANTO - (Jn 13, 1-15) - (ciclos A-B-C )

1.  INVOCA

·         Prepárate para entrar en diálogo con el Señor en este día tan especial.
·         Deja a un lado tus ocupaciones y todo lo que te pueda distraer. Pues, lo más importante es estar con el Señor.
·         La Palabra te va a dar un mensaje muy hermoso, por medio de Jesús, que lo dice todo con sus gestos y con sus palabras.
·         Ábrete a la inspiración del Espíritu, que desea iluminar y fortalecer tu amor por el Padre y el Hijo.
·         Invócale: Veni, Sancte Spiritus.

2.  LEE LA PALABRA DE DIOS  (Jn 13, 1-15)  (Qué dice la Palabra de Dios)

Contexto litúrgico

·         Celebra la Liturgia en la tarde del Jueves Santo estos misterios: la Eucaristía, el sacerdocio, la fraternidad con el mandamiento del amor.

Contexto bíblico

·         El Evangelio que proclama la Liturgia en esta celebración está tomado de los capítulos (13-17) que dedica el autor del cuarto Evangelio a relatar lo que sucedió en la Última Cena.
·         Hoy escuchamos el relato del lavatorio de  los pies a los discípulos por parte de Jesús. Es  un  gesto de amor y  de servicio.

Texto

1.  La víspera de la fiesta de Pascua  (v. 1)

·         La  Pascua era la gran fiesta de  los judíos. Celebraban la salida de la esclavitud de Egipto.  Cada  familia desarrollaba todo un ceremonial para recordar aquella hazaña tan importante en la historia de Israel. El sacrificio y comida del cordero, de hierbas amargas y pan sin fermentar, alternando con el recitado de salmos, constituía lo central de la cena conmemorativa.
·         Jesús quiere renovar y dar el sentido pleno a la acción liberadora de la Pascua antigua. Él mismo se  entrega al sacrificio voluntariamente y por amor, como cordero inocente. Jesús va a emprender el éxodo y la Pascua definitiva, que concederá la liberación de la esclavitud del pecado a todos aquellos que crean en Él.
·         Éste es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Jn 1, 29).
·         Éste es el Pan que da la vida  (Jn 6, 48).
·         Todo es debido a un arranque, total y profundo, de su gran amor al Padre y a los humanos. Él, que había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el final (hasta el exceso)  (v. 1).
·         En vez de narrar la institución de la Eucaristía,  el evangelio de Juan resalta la motivación íntima de Jesús: el amor que le lleva a la entrega generosa de su propia vida.
·         Lava los pies a sus discípulos. Así da a entender que su vida es un servicio constante para el bien de los suyos, a quienes acoge, purifica y sirve.
·         Cristo, que es nuestro cordero pascual, ha sido inmolado. Así que celebremos fiesta, no con levadura vieja, la de la maldad y perversidad, sino con los panes pascuales de la sinceridad y la verdad  (1 Cor, 5, 7-8).

2.  Les he dado ejemplo  (v. 15)

·         Toda la vida de Jesús es un testimonio claro y vivo para orientar nuestra vida según tal modelo. En el testamento que nos deja Jesús, la víspera de su pasión y muerte, que el cuarto evangelio nos describe, se van entrelazando sus gestos de servicio, respeto y amor: el lavatorio de los pies, el mandamiento del amor, la Eucaristía y el sacerdocio. Estas tres acciones constituyen el memorial vivo y permanente de Jesús para la Iglesia y para toda la humanidad.
·         El primero es la Eucaristía, nueva y eterna Pascua, Pan y vino en sus manos, memorial de su entrega por amor, ofrenda de su sacrificio y banquete de comunión.
·         Otro don es: la institución del sacerdocio: encomendar a personas que en su nombre realice y actualicen estos misterios: los sacerdotes. Aquella noche Jesús constituyó sacerdotes a los apóstoles, los capacitó para hacer presente el misterio de su Pascua, liberación del pecado y donación de la vida. El sacerdote es un hombre eucarístico, al servicio del memorial y al servicio, como Jesús, del pueblo cristiano.
·         El tercer don es el mandamiento del amor. Tan nuevo que lo estrenó Jesús. Tan original que lo hizo típicamente suyo. Les doy un mandamiento nuevo: Ámense los unos a los otros. Como yo los he amado, así también ámense los unos a los otros  (Jn 13, 34). Es el día de la comunidad, de la fraternidad.
·         Éste será el distintivo y señal de sus discípulos. Por el amor que se tengan los unos a los otros reconocerán todos que son discípulos míos (Jn 13, 35).
·         Un amor que viene de la Eucaristía, que actualiza la entrega viva de Jesús por amor. Sin la Eucaristía no seriamos capaces de amar. Por la gracia de la entrega de Jesús, ya estamos capacitados para amarnos mutuamente.

3.  MEDITA  (Qué me/nos dice la Palabra de Dios)

·         Los gestos y palabras de Jesús contienen una carga enorme de: amor, servicio, entrega, fraternidad. Todo lo hace llevado de su amor. La pasión y la muerte son consecuencia de la actitud de Jesús, que nos amó hasta el extremo  (v. 13, 1).
·         De nosotros tiene que brotar un inmenso agradecimiento  a lo que hizo y sigue haciendo nuestro Hermano Jesús. Él es el nuevo Hombre-Dios, que lo da todo para nuestro bien y felicidad. La radicalidad de su amor le lleva a la entrega completa de todo Él.
·         En la Eucaristía, le comulgamos. Es decir, hacemos nuestra su entrega total. Para comulgar con el mismo Jesús, que vive necesitado en los hermanos. ¡Movidos por su amor!

4.  ORA

·         Queremos, Jesús, estar contigo en la entrega de tu vida. No queremos  repetir la deserción y el abandono de tus discípulos y, menos, la traición de Judas. Tú nos has de contagiar ese fuego de tu inmenso amor, para que entendamos la vida de cada día como una prolongación del Amor del Padre, que nos viene de Ti y por Ti. ¡Gracias, Jesús!
·         Jesús, Tú renuevas y llevas a la perfección la Pascua, el gran paso de nuestra esclavitud a la libertad. Queremos ser libres contigo. No esclavos del  pecado.

5.  CONTEMPLA

·         A Jesús que se entrega con toda decisión a la pasión y a la muerte para que seas su hermano.
·         A los discípulos, con sus reacciones y resistencias, debilidades y buenos deseos.
·         A los hermanos, para que estrechemos lazos sinceros de amor en la comunidad.
·         A ti mismo, tan necesitado de la fortaleza y constancia que Jesús te ofrece.

6.  ACTÚA

·         Renueva tus sentimientos de fraternidad con tu familia, con tu comunidad cristiana, con los demás extraños.
·         Felicita a los hermanos de tu comunidad cristiana, a los sacerdotes que están a tu servicio.
·         Recuerda con frecuencia el mandamiento del amor: Un mandamiento nuevo nos dio el Señor: que nos amemos todos como Él nos amó.